26 ago. 2013

Polaroid 690

Cuando eres un fotógrafo nadie se fija en ti. Nadie ve más allá del lente de la cámara. Cuando notan la cámara, todo lo demás no importa. Conversaciones se detienen. Sus vidas se ponen en pausa. Se quedan quietos solamente para mostrar una sonrisa fingida para cubrir sus vidas aburridas y desgastadas. 

A nadie le importa la persona que toma la foto, sólo las personas que aparecen en ellas.

Comencé a tomar fotos cuando tenía 11 años más o menos. Mi primera cámara fue una Polaroid 690. Mi padre me la dio a mí como un regalo ya que él había comprado una más nueva y mejor y esta aún funcionaba. Ese momento cambió mi vida para siempre. Esta cámara esta tan llena de recuerdos, me llena de alegría cada vez que la veo descansando en el estante.

La cámara es vieja y con la vejez viene la deterioración. Pero lo que más me gusta de esta cámara es su lente. Está plagada de rasguños que hace que las fotos se vean algo borras y les da un efecto de movimiento.

Obviamente no uso esta cámara para mi trabajo. No, para mi trabajo uso un Canon T4i con lentes de 17-40mm de ángulo. Es bueno para bodas ya que así puede salir toda la familia en la misma foto.
También uso Canon T4i para otros trabajos. Usualmente para adolescentes en fotos de graduación, vistiendo la mitad de un traje bonito para la foto. A veces paras tarjetas de navidad familiares, que se usan para mostrarles a todos en tu pequeño mundo lo feliz que en realidad eres. Todos esperan que edite cada una de las imperfecciones que los demás puedan ver.

Esos son mis trabajos. Ambos giran alrededor de personas que pasan por los momentos más felices de sus vidas.

Como cualquier trabajo tiene ventajas y desventajas. Cuando la recepción está a punto de terminar y todos se dirigen a sus autos siempre hay una dama de honor solitaria que no quiere que la fiesta acabe. Usualmente está completamente ebria y llena de celos hacia su mejor amiga, que se acaba de casar con el hombre que ella nunca pudo encontrar. Ahí es cuando yo me acerco y les pregunto si quieren que les tome una foto.

La diversión comienza cuando llegamos a mi dormitorio. La dejo en la cama y le digo que se quite la ropa.

Me encanta cuando me obedecen.

A veces se dan cuenta de las esposas que tengo en la cabecera de la cama y me dan una sonrisita perversa.

Me encanta esa sonrisa.

Luego de esposarle las manos y los pies a la cama, preparo el trípode y las luces.

Siempre tienen una mirada confundida y nerviosa en sus rostros cuando hago eso.

Me encanta esa mirada.

Me coloco encima de ellas y comienzo a besarles el cuello suavemente, deslizo mi mano lentamente por sus curvas, dirigiéndola a mis bolsillos.

Me gusta usar juguetes.

Siempre les pregunto si está bien primero y cuando aceptan, les entierro el cuchillo en el estómago.

Ahí está esa mirada confundida y aterrada de nuevo.

En serio que me gusta esa mirada.

Me coloco detrás del trípode y comienzo a tomar fotos. El cuarto es oscuro y ellas se retuercen de dolor, lo que hace que cada foto sea una posición distinta a la anterior.

Una foto distinta a la anterior.

Usualmente consigo unas 300 fotos antes de que mueran.

Cuando ya están muertas, saco mi Polaroid 690 y tomo una última foto. La cámara saca una foto plástica, que cae al suelo suavemente.

Esa me la quedo para mí.

Los rasguños en el lente de la cámara hacen ver como si aún se estuvieran moviendo.

Las dejo en la cama y me voy a mi oficina, llevándome la tarjeta de memoria de la Canon T4i conmigo.

Coloco su foto en la pared junto a las otras y meto la tarjeta de la Canon en mi PC. Necesito editarlas antes de publicarlas en el sitio por la mañana. Tengo un horario que seguir y mis clientes estarían muy decepcionados si no cumplo con él. Porque es como dije antes, a nadie le importa la persona que toma la foto, sólo las personas que aparecen en ellas.

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